Roberto Martínez entró ayer, gracias al tanto
de Watson, en la Historia del Wigan Athletic al hacerse contra todo pronóstico
con la FA Cup y darle así su primer título en sus ochenta y un años de vida.

Este verano, tras el tercer milagro, se le
presentó la opción de subir ese peldaño de calidad y fichar por un club que le
permitiera optar a levantar un título. Se habló, y no poco, de su llegada al
Liverpool pero finalmente volvió a prometer fidelidad al club que preside Dave
Whelan y en Anfield apostaron por otro ex-Swansea, Brendan Rodgers.
Como cabía esperar la temporada no está
siendo un camino de rosas para el Wigan que la semana pasada se complicó la
permanencia con su derrota en el DW Stadium frente al Swansea (2-3). Sin
embargo el equipo logró abstraerse de todos los asuntos domésticos durante los
noventa minutos jugados en Wembley y arrebatarle al City un trofeo para el cual
era muy favorito. El tanto de Watson, en el descuento y sin tiempo para la
reacción citizen, fue un guión
imposible de mejorar.
Ahora, con una FA Cup en el bolsillo, los esfuerzos
de Martínez se centran en lograr por cuarta temporada consecutiva una
permanencia que este año tiene más marchamo de milagro que nunca. Una visita al
Emirates con un Arsenal jugándose entrar en la próxima edición de la Champions
League y un partido a vida o muerte frente al Aston Villa en la última jornada.
Dos partidos muy complicados de obligada victoria para recuperar la diferencia
que les separa del Sunderland, equipo que marca la salvación.
Ocurra lo que ocurra parece claro que estamos
ante la última temporada de Martínez al frente del Wigan. Puede que su destino
siga en las islas, donde banquillos como el del Everton tras la salida de Moyes
pueden ser una buena opción, o puede que su curriculum al frente de un club
modesto le abra alguna puerta que otra en Europa. La solución, en apenas quince
días.
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